La historia de Tierra del Fuego siempre estuvo vinculada al mar. La navegación ha sido vital para quienes habitamos estas tierras, desde sus pueblos originarios, que navegaron por las costas del Onashaga, hasta la actualidad.
Antes de la apertura del canal de Panamá, en 1914, la ruta del Cabo de Hornos era una de las principales vías de comunicación entre los océanos Atlántico y Pacífico; por lo tanto, la travesía del Estrecho de Le Maire para bordear el cabo era un riesgo obligado.
Restos del “Duchess of Albany” en su ubicación actual sobre la costa atlántica fueguina.
La combinación entre las limitaciones técnicas de la época y un mar peligroso generaba una zona de riesgo de naufragios para aquellos navegantes. En ese contexto, no es de sorprender la gran cantidad de restos de embarcaciones que pueden hallarse en las costas del extremo oriental fueguino. Esos territorios -hoy conocidos como Península Mitre- estaban habitados por los Haush, sus pobladores originarios, que cazaban y pescaban en las costas trasladándose frecuentemente entre las distintas bahías de la región. Su relación con náufragos y navegantes occidentales fue muy frecuente, como ha quedado testimoniado en diversas crónicas y yacimientos arqueológicos.
El “Duchess of Albany” navegando, año desconocido. (Archivo Museo del Fin del Mundo)
Cuando encalló la fragata británica Duchess of Albany en la costa norte de Península Mitre, prácticamente no había población occidental en toda la región. La única excepción era el pequeño destacamento de la Subprefectura argentina instalado en bahía Thetis. Más lejos, solo se encontraba la joven aldea a orillas de la bahía Ushuaia y sobre el estrecho de Magallanes la ciudad-puerto de Punta Arenas.
Grupo de Selknams en la playa (Fotografía Wikipedia)
El mascarón que decoraba la proa de la embarcación es una representación de la Duquesa Helena Federica Augusta, hija del Principe de Waldeck y Pyrmont, esposa de Leopold George Duncan, Duque de Albany, séptimo hijo de la Reina Victoria I de Inglaterra. La talla fue rescatada en 1977, luego de ochenta y cuatro años a la intemperie, y se convirtió en la pieza fundante del Museo del Fin del Mundo, donde actualmente se encuentra exhibida en su salón principal.